“Top manta”
JOSÉ
ONETO
ES
consciente el gran publico del fenómeno “top manta”,
esa actividad ilegal y casi clandestina, que mueve al año
millones y millones de euros y que está en manos de mafias
que lo mismo se dedican al contrabando de tabaco, que al tráfico
de drogas, que a la falsificación de productos de alto
lujo o la venta de CD, DVD o videojuegos?
¿Sabe el consumidor, el
que compra compactos musicales especialmente de esos fenómenos
artificiales bautizados en "Operaciones Triunfos", que
está comprando a un inmigrante sin papeles; que está
contribuyendo, sobre todo, a la financiación de esas mafias,
al aumento del fraude fiscal y al fomento de una economía
sumergida que no beneficia en nada al país pero que da
para malvivir o para subsistir a una inmigración ilegal?
¿Tiene información
suficiente y real del fenómeno manta el que se acerca a
un tenderete improvisado y adquiere un reloj Chanel falso, un
cinturón Gucci de imitación o un DVD de la última
película de estreno por un precio ridículo porque
no paga ningún tipo de impuesto, ni derechos de creación,
de comercialización, marketing o de autor?
¿Comprará el Chanel
verdadero o el Gucci auténtico?
Estas serían las premisas
de un debate que se ha abierto a raíz de la profusión
del fenómeno manta no solo aquí sino en el resto
del mundo aunque, en muchos países parte del fenómeno
se ha frenado por el boom de Internet y la posibilidad de bajarse
música de la Red y el intercambio de archivos.
Hace poco un juzgado de Alicante
dictaba una controvertida sentencia, que desconozco si ha sido
recurrida, que establecía que el “top manta”
no causa, de hecho, un perjuicio económico a la industria
discográfica. El juez que condenaba a dos “manteros”
al pago de una multa simbólica de 360 euros, en concepto
de delito contra la propiedad intelectual, les eximia de una de
indemnización de 7.500 euros a una productora musical como
solicitaba el fiscal porque no constaba que esa actividad hubiese
provocado una lesión a la industria del disco.
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Ese consumidor ocasional
no es consciente, por supuesto, de la profundidad de un
inmenso negocio basado en una mano de obra que trabaja en
condiciones infrahumanas |
El fenómeno “manta”
surge por los grandes beneficios que ese tipo de actividad reporta
a las mafias organizadas, porque esa actividad está basada
en inmigrantes ilegales que no encuentran en la mayoría
de las ocasiones otra posibilidad de subsistir y porque la industria
discográfica especialmente, en manos de cinco o seis multinacionales,
no adecua sus precios a la realidad del mercado.
Por eso habría que preguntarse
si el consumidor que se acerca a ese tipo de compra callejera,
pendiente sobre todo de la persecución policial, es consciente
de todo lo que tiene de complejo ese fenómeno que ha supuesto
una autentica revolución (se calcula que el cuarenta por
ciento del mercado discográfico está en manos de
ese tipo de piratería) y que no puede combatirse solamente
con persecución policial.
Ese consumidor ocasional no es
consciente, por supuesto, de la profundidad de un inmenso negocio
basado en una mano de obra que trabaja en condiciones infrahumanas
y que, normalmente, tiene que seguir prestando sus servicios casi
de esclavos permanentes porque está pagando una deuda contraída
con la organización mafiosa que les ha traído a
España.
Por eso el gran reto, sobre todo
de la industria discográfica, está en campañas
de sensibilización explicando al consumidor la profundidad
del problema y no confiar solamente en la represión policial
y en la vigilancia porque, al final, no habrá suficientes
vigilantes para perseguir a los “manteros”, a los
ilegales, a los fumadores que no respeten la nueva Ley Antitabaco
y antifumadores, a las prostitutas callejeras, a los sin papeles
y a todos los que vayan viniendo…
Por otra parte la industria,
que funciona casi como un monopolio o, mejor dicho, casi como
un oligopolio, tiene que reconocer que el precio final de los
CD no es el precio que marca el mercado sino que es un precio
marcado por otros factores en los que los creadores y artistas
no son precisamente los más beneficiados.
La cantante Alaska denunciaba
hace unos años que no podía comprender que un álbum
musical de CD cuyo coste medio de producción no supera
los tres euros, con un
soporte
físico que no llega a costar más de medio euro,
pueda venderse en las tiendas a un precio que se sitúa
entre 15 y 18 euros. Ella, durante meses, sufrió el boicot
de la industria discográfica y de la propia Sociedad General
de Autores y sus discos fueron retirados de los puntos de venta
pero, al final, hay que reconocer que su denuncia también
forma parte de ese complejo mundo del manta aunque la opinión
pública no lo sepa.
José Oneto
es periodista.