Pues bien, si eso ocurriera, no se perdería la herencia, ni heredaría el Estado como popularmente se cree. Los familiares directos deberían elegir a un notario, quien les confirmaría si son o no herederos del fallecido, en virtud de la ley que correspondiera aplicar, y en qué proporción debería repartirse la herencia. Este servicio notarial se conoce como la declaración de herederos abintestato. Podrían elegir a un notario del lugar en que tuviera el fallecido su residencia habitual, o de donde tuviera la mayor parte de su patrimonio, o de dónde hubiera fallecido, o de un distrito colindante a todos estos. En la página www.notariado.org hay un localizador de notarios por ciudades, provincias y códigos postales.